26/5/06

Mis problemas con Superman (Composite Vershon)

La imagen que ha marcado mi relación con las historietas la vi por primera vez en la portada del número 12 de la serie de Superman que publicó Editora Cinco a principios de los ochenta. Se trata del Superman Compuesto, mejor conocido como Composite Superman. Esta publicación me acompañó muchísimos años y pasó por muchas "transformaciones" entre las que se cuentan tijeretazos, rayones, disfraces de pirata, etc. En este momento no estoy en condiciones de asegurar dónde está esa revista porque, como suele suceder, en un trasteo -digamos en el 92- se me perdió. Pero esa portada que mostraba amenazante a uno de los personajes nominados al diseño más torpe se me quedó en la mente grabada de una forma impresionante. De pronto tiene que ver con el hecho de que la asoció con ir al Centro Internacional a comprarla de "mi voceador de confianza" o al hecho de que era el número más antiguo que tenía y eso me hacía sentir el paso del tiempo (Esa sensación de veterano experimentado que tiene uno a los diez años).

Superman Compuesto es un villano creado en los años sesenta que tenía los poderes de toda la Legión de Superhéroes. Sin embargo, el personaje del que yo me acuerdo era un impostor del original.

Hace unos cinco años, una de mis fuentes de revistas de Novaro y Editora Cinco era un anticuario de unos amigos que queda en Chapinero. Al principio los precios eran muy cómodos y la variedad de publicaciones era excelente. Con el tiempo y como suele pasar con ese "mercado", uno se vuelve un cliente fijo, lo cual significa que el vendedor se esfuerza por conseguir cada vez más y mejores cosas. El problema es que esta Edad de Oro se acaba pronto porque la calidad de las revista empieza a bajar y el presupuesto de la persona empieza a verse gravemente afectado. El ciclo natural de una relación de coleccionista-vendedor puede durar uno o dos años por mucho hasta que la cosa empieza a ser cada vez más tensa. La segunda Superman 12 de mi vida llegó justo en el momento más álgido. Así que tuve que disimular un poco la emoción para que la revista no pasara a ser el objeto de la discordia.

Cuando llegué a la casa, la empecé a leer como desesperado. Yo no creo que sea un coleccionista en el sentido estricto porque me fascina sentir la revista en la mano y releerla millones de veces haciendo que se "desvalorice". Así que lo primero que hice fue echarme al sofá a revivir una historia determinante en mi vida que había olvidado hace mucho tiempo. Me detuve en cada detalle, en cada propaganda de enciclopedias ilustradas para niños, en ese pequeño marcador de lecturas que se hace junto a las grapas y en cada caja de texto mal hecho y asquerosamente traducido. Ya empezada la última página me di cuenta de que la historia, como raro, quedaba en continuará...




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