16/2/07

¡Volví! o me fui -todo depende de donde se mire.

Otra vez estoy sentado en mi cocina viendo como la nieve se transforma lentamente en bloques asesinos de hielo. Tengo una taza de café en la temperatura perfecta y una pila de películas de Cantínflas compradas en Colombia que espero repetirme unas 600 veces en lo que queda de este invierno y sus tormentas. Finalmente, volví a mi casa después de esta visita-paseo-regreso largo de dos meses a Bogotá. Lo que más me impresionó del viaje de vuelta es que el paquetico de obleas que llevaba en la maleta está intacto. Yo lo metí entre un saco y como si nada hubiera pasado. Ahora me toca empezar a pensar como repartir las veinte servidas del paquete entre los amigos de estas tierras. Tengo unas ganas terribles de ir a la tienda de historietas a ver si me adelanto en las series sabrosonas del nuevo año (el nuevo número de All-Star Superman, las ediciones especiales de los 25 años de Love & Rockets, lo nuevo de Jordan Crane y el nuevo Sanctuary de Nate Neal, entre muchas otras).

Ya que estamos en el tema, voy a cambiarlo abruptamente: tengo que aceptar que la ausencia de televisión me ha parecido más que agradable sobre todo porque la colombiana es desesperante y en estos dos meses tuve una sobredosis con ganas. No digo, necesariamente, que sea mala malísima porque si se compara con los canales abiertos de otros países, las producciones nacionales son por lo menos aparenticas. Lo que es detestable es la forma como ambos canales se pasan todo el día promocionando los mismo tres programas respectivos con un desfile de turbo tetonas culo de hormiga compitiendo a ver quien es más bruta.


Según la televisión colombiana, el país es una mano de modelos quirurjicas semi desnudas tratando de poner dos palabras juntas para decirnos que todo es positivo, lindo, chévere y motivo de orgullo. Claro que lo peor de todas las materializaciones de este "estilo" es cuando los noticieros deciden coquetear con el amarillismo -bueno más que coquetear es pasar una noche de orgías plurisexuales swinger con drogas y rocknroll- y pasan estas crónicas cochinas de pornomiseria diseñadas para perpetuar la inútil, acomodada e hipócrita culpa católica que llevamos a cuestas. Es imposible no aburrirse con una televisión tan repetitiva que pasa 22 horas dando los mismos tres mensajes una y otra vez como si su público fuera idiota.

Como para contrarrestar el frío y la cantaleta, voy a dejarlos con una imagen que me encanta sacada de las páginas de Little Annie Fanny de Harvey Kurtzman y Will Elder. La pongo porque en la visita por la patria pude conseguir varias Playboy de los setenta en la que publicaban esta serie y esta viñeta es muy característica del estilo de la generación de los EC Comics: el juego de planos con ese acercamiento tan urgente como emocional... Totalmente encantadora.



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