26/6/06

Eternamente Marvel (¡por un demonio!)

Tal vez una de las explicaciones del fenómeno freak (ver foto) sea que ser un fanático consumista significa tener una vida llena de sobresaltos. Una persona que, digamos, trabaja de lunes a viernes en un cubículo y que tiene una vida familiar relativamente monótona puede convertir su existencia en una montaña rusa de emociones fuertes haciéndose adicta a una línea de productos, por ejemplo, los comic-books. Cada verano, los dos carceleros mayores –léase Marvel y DC- se devanan los sesos para venderles a los torturados coleccionistas el evento de la década que cambiará la historia del universo DC o Marvel para siempre o el gran regreso triunfal del hombre más talentoso del año (sí, hombre no como humanidad sino con h minúscula porque en este medio tan testosterónico los más cercano a una mujer es la cintura sm de Wonder Woman). En esta ocasión, la justicieramente mal ponderada Marvel Comics sacó un representante perfecto de cada una de las dos fórmulas que acabo de mencionar.

Así, desde antes de que empezara el otoño del 2005 se empezó a abonar el terreno para la maxiserie Civil War que si bien está compuesta por tan sólo siete entregas, afecta todos los títulos de la editorial haciendo que seguir la historia completa implique comprar más de cuarenta revistas. Mi única motivación para darle una oportunidad a un crossover de Marvel desde Maximun Carnage es el hecho de que es escrita por Mark Millar que también es la mente detrás de Superman: Red Son y The Ultimates, entre otros. Mejor dicho, se trata de un guionista inteligente y esa cualidad no se debe desperdiciar. Por otro lado, después del relativo fracaso de la serie 1602, la “casa de la ideas” volvió a tentar al increíble Neil Gaiman para que, en compañía de John Romita Jr, hiciera una nueva versión de The Eternals, de Jack Kirby. Con el pundonor de Ecuador ante Inglaterra, yo decidí también subirme a este globo mediático porque (a) Gaiman, incluso cuando trabajó en Spawn, es lo máximo, (b) John Romita Jr es uno de mis dibujantes favoritos y (c) la serie original de Kirby es muuuuuuy frita sobre todo en contraste con los cómics de Marvel de ese momento.

Así que llegó el miércoles 21 de junio. Por cosas de la vida fui a parar a mi tienda de cómics más cercana. Me compré Civil War 2, ya tenía la 1 pero me estaba reservando los comentarios, y The Eternals 1, fresquiticas recién saliditas. Para el público en general debo aclarar que acá el negocio es tan organizado y los lectores son tan juiciosos que todos los miércoles se lanzan todas las revistas de la semana y por lo tanto la gente suele ir únicamente esos días.

En el caso de Civil War la expectativa era bien importante porque la historia había llamado la atención de los periódicos. Básicamente, en este “evento” se produce una división en la “comunidad superpoderosa” (no es un chiste mío, así lo denominan) entre quienes apoyan una iniciativa para registrar a todos los superhéroes y quienes prefieren mantener el anonimato. Así, Millar está poniendo a prueba ese ingrediente tan particular de este tipo de personajes que es tomarse la justicia por mano propia para defender el “bien común” por encima de las leyes. Este tema se vuelve especialmente interesante cuando se analiza en el caso del primer Superman, que más que un supersoldado era un defensor del hombre común, o en el Batman de los ochenta que era un loco maniático o en el del Linterna Verde de Dennis O’Neill que era una especie de policía sin bolillo o en el Profesor Xavier manipulador de ciertos buenos cómics de los X-Men. Sin embargo, en este caso, yo no veo el debate por ningún lado. De pronto sea porque en el lado de los rebeldes está el Capitán América y ese monicongo me da agrieras, pero mi sensación general es que es como escoger si primero me dan un tiro o una puñalada. A ver, si me voy por el lado de los vengadores anónimos me aterra pensar en que además del derecho a crear un para-estado con su propia para-justicia, se deba respetar la privacidad del agresor. Y por el otro, me parece terrible que el poder transgresor de un símbolo popular sea reclamado por el establecimiento para manipularlo.

Con esto no quiero decir que Linterna Verde, Batman, Superman y Xavier sean unas peras en dulce. Todo lo contrario, los problemas a los que me refiero están muy presentes en las versiones que menciono. Lo que me molesta de la propuesta de Millar es que a pesar del tema, él quiere insistir en mantener intacto el lado positivo e intachable de los personajes. Como que Moore, Miller, Morrison, Shuster, O’Neill y hasta Whedon, se cagaban en el discurso del superhéroe pero en Civil War todos son tratados como verdaderos héroes y eso me parece una tontería. Es un poco como querer reducir una guerra, digamos en Iraklandia, al valor y el sacrificio de los individuos que la luchan, sin hablar del contexto político y de los intereses creados. Un poco, mucho. Me deja un pésimo sabor de boca la tal Civil War porque comprueba una vez más los tiempos que vivimos y el tipo de estupidez post-Simpsons que nos tragamos todos los días en la que la conciencia de las convenciones y de las costuras de los medios no nos hacen más críticos de sus contenidos.


En el lado sabrosón vale la pena decir que al final del número dos, Spiderman le revela al mundo su verdadera identidad. Su presenta como Peter Parker y supuestamente tenemos que quedar boquiabiertos. Pero creo que este ha sido el peor secreto de la historia del universo Marvel porque por lo menos cada años un familiar y un villano se enteraban del chisme. Además, le inventaron un nuevo traje que en términos de estrategias publicitarias no puede ser más ramplón. Sobre The Eternals prefiero hablar cuando salgan más números y se vea para dónde va. Hasta ahora puedo decir que me gustó la presentación, que la dupla Romita Jr – Gaiman tiene que acoplarse mejor porque tienen secuencias como disparejas, y que todo se ve demasiado profesional, al punto de que la estructura del guión parece de los tiempos de Stan Lee y Jack Kirby. Vamos a ver qué pasa…



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24/6/06

The Wang o las aventuras alrededor de un vibrador llamado perdedor.

RESEÑA
The Wang 1 y 2.
Stan Yan.
2000/2006.

Dentro de la marea mareadora y a veces vomitiva de la autopublicación de cómics aparecen propuestas que sacan la cara por toda la vecindad. En el caso de Stan Yan, su serie The Wang sobresale por cuenta de la mezcla perfecta de solidez conceptual, excelente actitud y dos millones de estrategias para torturar a un personaje principal. Así, la vida y obra del tímido veinteañero Eugene Wang nos ofrece un conjunto de elementos ideales para armar un cómic más parecido a una sit-com pasadísima que a un título humorístico tradicional. Por eso, en vez de convertir al joven en una otra parodia de superhéroes, Yan lo mete en un triángulo amoroso de pesadilla conformado por Eugene, su novia y su madre. Su madre de él. Si a esto le sumamos que el tipo acaba de terminar la universidad y está buscando trabajo o en otras palabras plata, tenemos suficientes enredos, incomodidades, transpiración y estafadores para hacer de The Wang una historieta que se merece una oportunidad.

Según Yan, yo le compré uno de los últimos ejemplares que le quedaban del primer tomo. Y aunque podría ser una estrategia para vender, me lo dijo con una tranquilidad que le daba mucha verosimilitud (Obviamente en Amazon se deben conseguir los dos refácil). El hecho es que si tuviera que recomendar uno de los dos volúmenes, el segundo definitivamente es el más atractivo. Usualmente, y lo digo por experiencia propia, cuando uno está planteado el mundo y los personajes de una serie cómica se toma mucho tiempo asegurándose que todo está bien plantado como para que el lector entienda el tipo de humor que uno está trabajando. Así, cuando la tarea de difundir las bases de la serie está terminada empieza la verdadera fiesta, el segundo tomo, en el que todo puede pasar y los giros son cada vez más exagerados y divertidos. La secuencia de un Eugene moribundo arrastrándose hasta la casa de su (ex)novia para que los padres de ella no encuentren The Loser, su vibrador, es absolutamente clásica. De hecho deben ser las veinte páginas de cómics con las que más me he reído en los últimos meses.

Aunque uno de sus referentes directos es Peter Bagge con Hate y Apocalypse Nerd, The Wang me recordó más a 4 Segundos de los argentinos Alejandro García Valderrama(g) y Feliciano García Zecchin(d) porque me remite al estilo de la comedia televisiva. Ya no se trata del círculo vicioso de la historieta noventera en el que el protagonista es un clon del autor y el mundo del papel es una caricatura del propio. Ahora se trata de una comedia distante de la experiencia creadora que ojalá empiece a recibir el reconocimiento que merece.

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22/6/06

La nueva mona

Me disculparán por la falta de tema. Pero ante semejante ilustración tan bella, ¿cómo quieren que no la comparta? Esta es la última mona de mi álbum virtual de Jet.


Cuando en la Compañía Nacional de Chocolates empezaron a cambiar algunas laminitas del álbum que se habían desactualizado, yo habría podido apostar mi pulmón derecho a que este perrito tan horrible sería uno de los afectados. Pero no, el reinado de las mascotas pequeñas y malolientes sigue como si nada con su almohadita y todo.

El perrito pequinés también zapatea con los pies.

17/6/06

El jefe está en recreo.

Por estos días la atención está únicamente dirigida al mundial entonces la verdad no he leído, ni visto, ni visitado nada. Claro que con motivo de la copa del mundo y en vista de que en mi casa no tenemos televisor -larga historia-, he tenido que ir todos los días al Centro Universitario que tiene una sala de lujo para ver los partidos. Desde que asumí que no tenía plata ni para cable ni para TV y tomé la decisión de verlo allá, me imaginé que tendría que ver todos los partidos solo como un hongo en un asteroide, pero la verdad siempre estamos por lo menos dos personas viendo el mundial. La selección de televidentes es bien particular. Como es de esperarse, los gringos no logran concentrarse con el fútbol y en su mente estructurada no les caben ni las mentiras de un amague ni la posibilidad de que un resultado no se pueda explicar con estadísticas, entonces, el quórum es meramente internacional. En otras palabras, el deportivo refugiados. Así que tenemos al paisa que no falta (Albeiro) que lleva 24 años por fuera del país pero sigue con el acento, un indio gritón que siempre va por los que pierden, un checo que desde el 3-0 sobre US ha redescubierto el placer del juego, un nigeriano que también lleva no sé cuantos años fuera de casa y yo, el colombiano que pontifica y da cátedra futbolera cada vez que puede.

Hoy por primera vez me quedé charlando con el nigeriano y resulta que el hombre es escritor de ciencia ficción. Escribió una novela hace un par de años y estuvo a punto de ganarse un premio pero al final los jurados pensaron que trataba un tema religioso muy polémico que no valía la pena alborotar. Después, el hombre siguió buscado posibilidades de publicarla pero sin un reconocimiento previo pocos editores le metieron la ficha. Como suele pasar la plata empezó a ser cada vez más escasa al punto de que lo aceptaron en una Universidad de North Carolina para hacer un MA en narrativa pero no tenía la plata para inscribirse y tuvo que dejarlo pasar. Se puso a trabajar en una cadena de restaurantes y al mismo tiempo le invirtió todo su tiempo a un negocio de internet que fracasó rotundamente y ahora, sólo está esperando que pasen los días para irse de Worcester y no volver jamás.

La espera llegó a su fin. Este fin de semana el hombre se va para la casa de una tía en otro estado pero lo que realmente quiere es volver a su tierra natal. Charlamos un rato sobre lo importante que es encontrar un lugar en el mundo y sobre lo extraño que es el proceso de escribir un libro. Los dos sabemos que es difícil decirse a sí mismo escritor o, para el caso, comiquero pero poder compartir con alguien esa angustia es un acto de auto conservación. Yo tengo a D que me saca de todas mis neuras pero el nigeriano está solo. Todo esto va saliendo mientras Argentina acaba con el último reducto de Serbia y Montenegro. Yo acabo de hacer un amigo por cuenta del tan trillado "lenguaje internacional" del fútbol.

Se acaba el partido y nos damos la mano. Es el momento de la despedida. Dos cuadras después me doy cuenta que ni siquiera sé como se llama. No creo que me lo vuelva a encontrar en mi vida.

Las fotos que publico acá son más experimentos intensos con una cámara digital y la JOH.



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13/6/06

Reporte MoCCA Art Fetival.

El tiempo se pasó bastante rápido y a pesar de una gripa que me tuvo en estado crítico, pude darle una presentación decente a la JOH#2. En un ambiente muy amigable que me hizo extrañar muy poco los celos y la inmadurez creativa de la tierrita, nos gozamos a fondo el evento y le repartimos la revista hasta al hijo de la tía de la perra de la señora Smith. De hecho, una persona llegó a pagar 3 dólares por mi mini-comic... pues lo que pasó fue que le cambié a Dylan Williams mi Jefe por su The Reporter que costaba $3. La cosa estuvo de fábula porque definitivamente acá el mercado para la historieta -sea superhéroes o alternativa o arty crap- es cinco o diez veces más grande y se trata de un público que sabe lo que está comprando. En términos de nivel de calidad había de todo un poco y creo que ninguna de la cosas nuevas que vi me descrestó pero el hecho de encontrarme con un medio tan activo por primera vez -por lo menos comparado con Colombia- fue impactante.

El sábado después de haber visto a Morrison bajamos hasta Houston en busca del MoCCA pero ni la dirección exacta ni el mapa que aparece en la página nos sirvieron para ubicar el bendito festival. Afortunadamente, en la fila de espera del Forbidden Planet un colega comiquero me dio unas indicaciones sobre como llegar que salvaron la misión -claro que igual tuvimos que preguntar como unas g**vas.



Después de esta experiencia puedo decir varias cosas:

-Cómics en fotocopia se hacen en todas partes, la clave está en qué se hace con ellos después.
-Jessica Abel es lo máximo y le firmó a mi mujer susu cinco revistas de La Perdida. Pero lo cierto es que es un poquito brava. Hablamos diez minutos y nos regañó siete.
-El parche de MOME es tan incomprensible como sus historietas. Se trata de uno chinos madurados biches que les falta elaborar mucho sus propuestas. Sobre esta globo mediático me referiré otro día con más calma.
-Kim Deitch es un cucho al mejor estilo de esos hippies viejos que uno se encuentra en el parque de Lourdes de Bogotá. Una auténtica leyenda.
-Hay muchas chicas dedicadas a la historieta con mucho estilo y muchas preguntas. El trabajo de algunas me recordó mucho a gente como Lunétika de Constanza y otra, Kiki Jones (como la hermana menor de Gigi), se me pareció mucho a Melissa, la mascota de El DRake.
-Todos los editores del mundo se quejan y se rasgan las vestiduras diciendo que el negocio está en crisis y que ellos siguen ahí porque son unos bacanes desinteresados. Es hora de cambiar el cuentico porque cada vez pierde más credibilidad.
-Los alternativos odian a los superhéroes tanto o más que los freaks a los alternos.
-El compilado de Harvey Pekar, The Best American Comics, que sale en octubre será mio.
-Apenas pueda desempacar las compras iré reseñándolas pero entre los títulos están: Lost Dogs, Kinesco 1.1, The Shortest Distance, Tales to Demolish, Nisha, Girl Friday, PapperCutter (¡excelente!), Late Night Block y The Wang que solía ser un webcomic.
-NY es NY.



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12/6/06

Conocí a Grant Morrison

Ya estoy de vuelta en la casa después de una de las jornadas comiqueras más emocionantes de mi vida. La presentación en sociedad de la JOH #2 superó mis expectativas porque NY es una cuidad abrumadora y porque este es un medio secuencial gigante sobre todo cuando se compara con los cuatro gatos que integramos el cómic colombiano. Sin embargo, el hecho que marcó el pasado fin de semana no tiene nada que ver ni con el MoCCA ni con la JOH. Gracias a una coincidencia increíble pude conocer a mi Jorge Luis Borges de los cómics, al inmenso Grant Morrison.

A ver explico un poco mejor, Grant Morrison es uno de los escritores más importantes del cómic mundial. Y entre su extensa carrera, en 1989, escribió una novela gráfica que se llama Arkham Asylum sobre la que yo hice “Ciudad Gótica frente al espejo”, mi tesis de Literatura. Además, durante esa misma época fue el guionista de dos series que redefinieron mi manera de entender las historietas y la literatura en general: Doom Patrol y Animal Man. El hombre no suele hacer presentaciones públicas porque es un autor famoso que no tiene que hacer promoción cara a cara y la verdad es bastante huraño. De hecho, para los locales también era una gran sorpresa su aparición al punto de que la presentación empezaba a las 12m y a las 11am más de 75 personas estábamos haciendo fila.

Un poco antes de la 1 pm pudimos entrar a que nos firmara varias cosas: el Arkham, Doom Patrol vol 2, Animal Man vol 2, JLA Terra2 y All-Star Superman #2y3. Yo estaba más contento que cuando empezó el concierto de Metallica en Bogotá al punto de que la voz me temblaba. Le pude preguntar sobre los Dioses de ficción, sobre Borges, son Arkham y sobre una novia colombiana que tuvo pero que un día se le desapareció. Por cierto, amiga compatriota, si estás leyendo esto o alguien que conoce a esta persona por favor escríbeme. “Quiero contactarte, por fa” –dijo elamigolucho tratando desesperadamente de verse tierno y sugestivo abriendo sus ojos como un muñequito japonés-. Al final, un man de la tienda me hizo el favor de tomare una foto con el hombre. Puede que sea pura imaginación mía pero yo creo que a Grant también se le veía contento.

Con este encuentro se ha cerrado un ciclo que empezó en el 98, cuando por culpa de “Ficciones” y “Crawling from the Wreckage”, decidí estudiar literatura y hacer historietas.



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9/6/06

Fin de semana en NY

Lista la maleta, la plata, los sanduchitos, las revistas y los cepillos de dientes. Sólo nos queda esperar un par de horas y salimos para Nueva York a hacerle la presentación en sociedad a la Jefe O'Hara en el Art Festival del MoCCA. Yo estoy como quinceañera núbil (ver imagen) cruzando los dedos desde que armé el primer ejemplar para que por lo menos el ambiente sea bacano y la gente receptiva. El "pero" que no falta nos lo aporta el climita de tres pesos que ya nos tiene a D y a mí presentando un cuadro gripal de fábula. El lado positivo de la enfermedad es que anoche, mientras reñía contra los mocos y la carraspera, se me ocurrieron varias ideas para la siguiente entrega de la revista que será de lo más de absurda y metatextual. Así como no cambiar de tema abruptamente, ayer sometí la publicación al escrutinio de una amiga de estas tierras y le gustó la historia y todo.

Ya les contaré que pasa con todo esto de la gira "Verano Oficinista 2006" de la Jefe O'Hara #2.

8/6/06

La galleta enmascarada, ¡Vive! o el homo-erotismo de los superhéroes.

Me van a perdonar los fanáticos convencidos de la Marvel y la DC pero desde hace rato tengo ganas de escribir sobre este tema que aunque no tiene nada de novedoso, sigue siendo interesante, por no decir divertido. Y quiero aclarar que no me voy a referir a la interminable lista de héroes de segunda categoría que, para estar "al día", han sido caracterizados como homosexuales desde Northstar en adelante. Me voy a referir a los Argonautas secuenciales, a la Liga de la Justicia en pleno, a los Avengers Assemble, a esos supersoldados machotes y musculosos que dibuja Alex Ross como si fueran una especie de Olimpo Epcot Center. Definitivamente, la discusión se ha reactivado por cuenta de dos de los estrenos más rutilantes del verano, Superman Begins y X-Men: The Last Stand.

La tercera entrega de los mutantes ha sido interpretada por muchos medios como una alusión directa al homosexualismo. La inclusión y el manejo que se le dio al personaje de Ángel y, en general, planear la diferencia como una enfermedad que se puede curar, son guiños del tamaño del Maracaná. Claro que para ser justos habría que decir que tradicionalmente los X-Men están diseñados para que "cualquiera que se haya sentido excluido, se sienta identificado" (la fuente de esta cita es una de esas frases hechas que, en mi carrera como lector de comic-books, he leído por los menos un millón de veces). De hecho, desde que los mutantes se pusieron serios con la publicación de Giant-Size X-Men #1 en 1975, hay un tufillo de cuota más penetrante que el olor que Nightcrawler deja en el aire cuando se tele transporta. Esta tendencia me recuerda los típicos chistes de infancia: "Un avión está cayendo y en su interior van una diosa africana, una judía, un ruso, un alemán, un nativo americano, un exmercenario, un japonés, un gringo y un calvo que están peleando contra Magneto. Sólo queda un paracaídas..."

En la otra acera, la cosa es mucho más interesante seguramente porque DC Comics no depende tanto de la inmediatez y suele ser más estricta en el tratamiento que le da a sus franquicias más importantes. Por eso, cuando se habla del tema, el despeluque corporativo no se hace esperar: por ejemplo hace más o menos un año, se le ordenó a un artista inglés (creo) que “descolgara” una obra inspirada en la relación de Batman y Robin. Sin embargo, es muy difícil tapar el sol con las manos y obligar por decreto a que los adultos cuya infancia estuvo marcada por los superhéroes no los quieran releer con nuevos elementos de juicio. Sobre todo en un momento en el que la gente se hace millonaria a punta de los mismos tres chistes ochentenos de las drogas en los Pitufos, los teteros de Afrodita y las frustraciones de la Abeja Maya (por favor dejemos morir el chiste, gracias).


Por su parte, los fans de esta editorial también suelen ser muchísimo más conservadores: la muerte de Robin II por votación telefónica en 1989 se debió, por lo menos parcialmente, a que él era el elemento que ponía en duda la orientación sexual del hombre murciélago. Vale pena recordar el inolvidable triángulo amoroso que protagonizaban Burt Ward (Robin), Adam West (Batman) y Julie Newmar (Gatúbela) en la serie de los años sesenta. El nivel de intolerancia es mucho más grande porque los hinchas de Superman, Batman y la Mujer Maravilla sienten que son los guardianes de los símbolos más sagrados de la civilización estadounidense (Iba a escribir “americana” pero no pienso darles en gusto). Por ejemplo, el adorador del último hijo de Kriptón es un personaje que cree auténticamente en la trinidad de lo bueno, lo bello y lo perfecto, uno de los primeros requisitos de la ultraderecha. En mis ratos de esparcimiento me gusta imaginarme la reacción de Frank Miller y Alex Ross cuando George Clooney reveló que en la película de Batman y Robin, él interpretó al héroe gay porque nunca puso en duda que esa fuera su condición. Esta situación describe claramente el tipo de relación que suele haber entre DC Comics y Warner -su casa matriz- puesto que frente al tradicionalismo de los primeros se enfrenta el amor por los dólares del segundo.

Supercintura de avispa.

En el caso específico de Superman Begins, desde hace un tiempo se viene repitiendo la pregunta de “¿qué tan gay es el nuevo Superman?”. Periódicos como el LA Times y The Independant se han referido al tema haciendo eco a las reacciones generadas por las imágenes promocionales de la cinta. Incluso, la revista gay Advocate le dio portada al Superman de Brian Singer y hace un recorrido gay por el género de los superhéroes. Sin embargo, la discusión no se ha centrado en el hecho de que el adalid de la justicia sea o no homosexual. Se trata más bien de indagar sobre la posibilidad de que el personaje en su metrosexualidad exacerbada esté dirigido específicamente a este público. Esta teoría sirve para explicar la falta de carácter visual que tiene Lois Lane y el hecho de que este Superman tiene la cintura más contorneada que David Bowie y Davey Havok juntos. En ese orden de ideas, el famoso recorte que le tuvieron que hacer al paquete del kriptoniano no fue otra cosa que un “sorry, se nos fue la mano. je,je,je”. Basta con ver los afiches, la portada de Wizard 172 -la revista más testosterónica del medio comiquero- y en general todo el material gráfico para darse cuenta del cambio de “target”.
Me parece como aburridor que lo que alguna vez un chiste provocador que señalaba las rupturas en el mundo idealizado de los comic-books se esté convirtiendo en una estrategia de venta tan obvia y torpe como cualquiera.

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7/6/06

¡Páreme-n el cronómetro-n!

Silencio. Ha llegado justo cuando su servidor se dispone a declarar finalizado de manera oficial el proceso de creación del segundo número de Jefe O’Hara. Para hacerlo, el flemático autor, o sea yo, invocaré a los espíritus de la buena suerte y el porvenir profiriendo un complicado ataque fonético de origen desconocido: Liz-to e’poyo.

Bueno ya que me deshice del chiste flojo de la semana y ahora sí, podemos continuar. Si usted ha venido siguiendo las últimas entradas de este espacio sabrá que desde hace unos días vengo con la idea de hacer un cómic escrito y dibujado por mí para llevar a una convención el próximo fin de semana en Nueva York. La buena noticia es que acabo de terminar de ensamblar la última de las revistas que voy a llevar al viaje. La mala es que no podré volver a usar tijeras en varios meses porque tanto recortar me ha dejado con las manos como la cantaleta de Chespirito (“Con estas manos que empuñaron la azada para labrar la tierra hasta verlas sangrar”). Quedó divertido y según mi esposa, que me ayudó todo el tiempo, y mi amigo Marco, los dibujos quedaron hasta parecidos a los verdaderos protagonistas.

Todavía no sé si la usanza de los nativos sea vender estos fanzines hechos en fotocopia, ni si cuando lo hacen el precio pasa de los 25 centavos, pero estoy decidido a no volver a Worcester con ninguna de las copias que llevo. Si todo sale terriblemente mal, las personas del bus de vuelta van a llegar a casa con un regalo extra para la familia.

Ahora sí me voy a comer... digo, a dormir.

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6/6/06

Reporte O'Harístico

Quisiera decir que desde que anuncié el regreso de Jefe O'Hara, hace un par de días, he descubierto que tenía un talento escondido del que no era conciente, que la innegable redondez de mi abdomen es un periódico de ayer, que mi capacidad mental ha mejorado en un 20% y que los resultados de mis planes están a la altura de lo había imaginado. No, no puedo decir nada de eso. Lo que sí me voy a permitir anunciar es que a pesar de mi falta de habilidad con el lapiz y mi falta de deportividad, acabo de terminar las diez páginas de historieta de la JOH # 2 (Quiero hacer énfasis en el uso "agringado" de las siglas. Muy a-la-mericana). ¡Ehhh! Ahora sólo me queda diseñar la contraportada interior, mandar a imprimir, recotar, grapar y listo. De pronto no he descubierto nada extraordinario sobre mí pero lo cierto es que estoy contento porque creo que logré contar la historia que tenía en la cabeza con los elementos que tenía a la mano.

Lo que si me tienen impresionado es darme cuenta de lo mucho que me enseñaron Camilo y Andrés. Cuando yo empecé a escribir el primer esbozo de Gigi y los piratas (Exacto, por Terry y los Piratas de Milton Caniff), que después se convirtió en El Drake, no había usado Photoshop más de dos veces. Seguramente lo había usado para hacer unos de esos foto-montajes de la cara de Natalie Portman en el cuerpo de la Selena Spice de turno. Yo creo que tampoco tenía muy claro el concepto de los vectores de Flash y Freehand. En muchos casos, asumir el papel de guionista implica ser una especie de profesor Xavier que da una serie de órdenes pero que no tiene la posibilidad de actuar directamente. Hoy, mientras le mostraba a Dadis (con quien acabo de cumplir un año de matrimonio) lo que había hecho, me sentí menos calvo y más Wolverine.


Mañana empieza la etapa chachullera de la operación porque tengo que hacer un uso desmedido e inadecuado de los materiales de la oficina sin que nadie se dé cuenta. Si hoy soy Wolverine, mañana seré Fuerza Delta.

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4/6/06

Jefe O'Hara, el regreso.

Pues sí, pues sí, después de darle muchas vueltas a la idea decidí revivir la revista más conceptual de la gallada, la disculpa más enredada para promocionar productos, el panfleto intertextual del final del tiempo, una odisea del Ser con borrachera mental por una módica suma, la Jefe O'Hara. Hace un par de días, Dadis y yo estábamos sacando unas copias y charlando de la ida al Art Festival del MoCCA en Nueva York cuando de pronto todo fue claro para mí: tengo que llevar una publicación en inglés sea como sea. Tal vez fue la luz incandecente de la fotocopiadora o el olor a guardado del edificio o las jornadas de calor extremo al que hemos sido expuestos pero "se me prendió el bombillo". El proyecto resucitó con tanta fuerza que me animé a dibujarlo yo mismo, cosa que implica un gran riesgo porque yo no tengo ni un pelo de ilustrador. Si algo he aprendido en el tiempo que llevo publicando historietas, es que la clave es botarse al agua. No importa que toda la revista dependa de las habilidades de un literato neurótico que se refiere a su computador como una "máquina de escribir".

El proyecto es básicamente sacar un mini-comic de ocho páginas a una sola tinta y de un cuarto de carta. La idea básica es aplicar las enseñanzas de McGyver y no gastar ni un peso haciéndola así que sólo puedo usar las herramientas de una oficina. Además el tiraje va a ser mínimo porque voy a usar la Jefe O'Hara como una carta de presentación específicamente para el evento de New York y una forma de mantener viva esa sensación tan bacana que me genera hacer una revista. Como de costumbre todo se hace de afán: la producción se hará en los próximos cinco días, cosa que hace que el proyecto sea aun más atractivo y espero que el producto final sea medianamente legible.


Acá publico un adelanto de la portada en la usé una foto que le tomé a la JOH el invierno pasado en un manicomio abandonado de la ciudad. Sobre la historia sólo puedo adelantar que se trata de un relato corto autobiográfico de mi vida en Worcester narrado por la Jefe O'Hara #1. De hecho, yo me dibujo como la revista porque de cierta forma, estar alejado de mi medio ha significado un bloqueo creativo que hace que esté atrapado en lo que hice antes. "I feel stuck in Jefe O'Hara #1".

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