28/8/06

La reseña de Museum of Terror Vol. 1 o Shisyastawaman.

Me agradan las ediciones que hace Dark Horse de manga sobre todo porque no parecen estar dirigidas a sus fanáticos fieles y convencidos. El diseño sobrio que han usado en series como Lone Wolf and Cub o The Kurosagi Corpse Delivery, me hace pensar que la intención de los editores es llegarle a un público variado más interesado en seguir una buena historia que en ser el fan número uno o, como se dice en Colombia, el más aficionado de todos. De hecho, los libros en cuestión sobresalen en los anaqueles de las librerías porque son lo únicos que se atreven a salirse de las normas básicas de formato y color que los editores gringos de manga establecieron (¿o copiaron? Puede ser). La técnica es bien funcional porque mientras los demás se las ingenian para llenar los lomos de rayos y centellas, los de Dark Horse con tres bloques de color solucionan el asunto.

El último libro de estos libros que ha caído en mis manos es el primer tomo de la serie Museum of Terror, que recoge la obra de uno de los maestros del horror secuencial, Junji Ito. En vez de ordenar la colección cronológicamente, las entregas están ordenadas por temas y personajes, cosa que me parece apropiada porque ya en este primer número, que tiene obras hechas entre 1987 y 1995, se nota un cambio que bien podría llamarse evolución si Drake Cómics no fuera tan radicalmente antipositivista. En este caso, el tema que une las nueve historias es Tomie, un personaje femenino de terror fascinante. Se trata de una extraña jovencita que no contenta con embelezar enfermizamente a todos los hombres que se le atraviesan, genera una pasión tan grande que sus enamorados siempre terminan cortándola en pedacitos. En otras palabras es una arpía de alto turmequé que además de sus poderes regenerativos depende básicamente de sacar lo peor que hay en cada uno. Mejor dicho, me enamoro, compadre.

Ya sobre el papel, el concepto detrás de Tomie toma distintas formas e interpretaciones que van desde lo más típico a lo más perturbador. Así, las primeras aventuras son protagonizadas por chicos de escuela (sí, yo sé. ¡Cómo siempre!) dispuestos a todo por saciar sus revoluciones hormonales. Esa parte no me pareció especialmente aburrida pero digamos que tampoco fue la locura furiosa. En cambio cuando las historias se salen del contexto estudiantil y la figura de este demonio empieza a adquirir un sentido diferente para cada uno de sus oponentes (un dibujante, un explorador buscando a su hermano o un pueblo aterrorizado por una epidemia de suicidios) el libro realmente se volvió un infaltable.


Aunque en el título de Museum of Terror me hizo falta que usaran la tan anhelada palabras “Horror” (en los cincuenta que prohibió el uso de esta palabra en títulos de historietas), creo que la serie tiene lo que necesita para agradarle a los aficionados al género de la piel de gallina. Litros de sangre, imágenes perturbadoras, una chica mortalmente bonita, ese gusto enfermo por pasar la página (al revés) y esa sensación tan particular que le dejan a uno esas historias en las que el final más feliz posible es la muerte. Definitivamente, muy a gusto.

Antes de irme le mando un saludo salivado a la madre de Gene Simmons quien, respectivamente, le mandó un saludo a los soldados israelís que se metieron al Líbano. Según dijo, él como israelita se siente muy orgulloso de las acciones de su ejército. Pintadito y calladito te ves mejor, Genie. O bueno te veías.

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