10/5/10

Droga, sueco y rock n' roll

The 120 days of Simon
Simon Gärdenfors
Top Shelf
2010.

Simon Gärdenfors hace parte del proyecto que la editorial norteamericana Top Shelf ha denominado la invasión sueca. En este caso, se trata un registro secuencial de las aventuras del autor mientras recorría Suecia durante el verano de 2007. El viaje en cuestión tenía dos reglas básicas: Gärdenfors no podía quedarse a dormir más de dos días en un mismo lugar y debía ser huésped de los fanáticos de sus cómics y de su música que se inscribían en el experimento por internet. El resultado final es una novela gráfica que mezcla un dibujo en apariencia inocente con un diario de un viaje lleno de escenas no aptas para niños. La honestidad del autor a la hora de reconstruir el pasado lo presenta como un personaje egocéntrico, egoísta, sobre-excitado, poco ético y, al mismo tiempo, carismático y divertido. A diferencia de la mayoría de los creadores autobiográficos, Gärdenfors no le dedica mucho tiempo a referirnos a cada una de sus neurosis y obsesiones. Por el contrario, se presenta como un protagonista más que dispuesto a la aventura. Lo anterior es, definitivamente, el gesto refrescante que convierte su novela en una lectura novedosa e interesante.

El ejercicio autobiográfico suele implicar disponer los acontecimientos de tal manera que la narración tenga sentido en términos argumentales y dramáticos. Con esto quiero decir que el género autobiográfico altera la realidad para convertir los incidentes cotidianos en una realidad ficcionalizada. (Hace un tiempo leí una declaración de James Kochalka que me sorprendió porque decía que a él no le pasaba nada realmente trágico pero que cuando le pase, sabe que las historietas estarán ahí para él.)  En este caso, la alteración de la realidad en nombre de la narrativa es evidente: Gärdenfors se procura una aventura digna de ser contada. 

Por fortuna, el artificio no pasa de ahí pues la forma como el autor se representa a sí mismo es bastante descarnada. Vemos al Simon del cómic refunfuñar contra un condón que un cuadro después desecha, lo acompañamos mientras se besa con una niña de colegio, nos comparte sus pensamientos discriminatorios y somos testigos de conversaciones que empiezan con el consabido "no incluyas esto en tu cómic". De hecho, es interesante señalar que también nos muestran al personaje pensando en lo reprochable de sus acciones y temiendo la reacción de las demás personas-personaje. Uno de sus amigos le dice que no ha hecho nada ilegal, a lo que Simon contesta que le preocupan los juicios éticos. 


Más allá del juicio de los directamente involucrados, los 120 días de Simon son una oportunidad de presenciar el encuentro entre un artista joven y su público que como de costumbre tiene una buenas dosis de sexo, drogas y rock n´roll (o debería decir, hip-hop, pues Gärdenfors es rapero). La narración se concentra en las anécdotas más entrañables (por aquello de entrañas) y en las relaciones personales del autor por fuera del experimento. La mirada del libro se reduce entonces a ese universo particular de personas que mucho tienen que ver con los círculos artístico-musicales de todos los países. Creo que salvo la despreocupación frente al sexo, es novela podría suceder acá o en cualquier país del mundo. 

Al final, me habría gustado saber un poco más de Suecia porque aprendí algo sobre la personalidad de sus artistas pero no puedo decir nada coherente sobre sus ciudades, su idiosincrasia o su historia. Eso no es culpa de Gärdenfors, necesariamente, pero es un punto que me queda pendiente. Vamos a ver si los otros invasores suecos me dan un poco más de contexto.

Consulte el preview en la página de Top Shelf.
Un video de Las Palmas, el grupo de Gärdenfors.

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