14/10/06

El retrato de un artista inconsecuente, o, la reseña de Art School Confidential.

No era mi intensión pero por razones de fuerza mayor solo hasta ahora me pude ver Art School Confidential, la más reciente película de Daniel Clowes y Terry Zwigoff -los mismos de Ghost World- que se estrenó al final de la primavera y que hace poco lanzaron en DVD. Tuve que esperar porque en ese momento me tocó elegir entre meterme a verla en Nueva York o parchar más tiempo en el MoCCA Art Festival y ver a los Be your own Pet. Aunque no me arrepiento para nada de la desición de ese momento, desde hace tiempo tenía la película en mi lista de espera de Netflix y estaba esperando ansiosamente verla. Lo que pasa es que además de que Dan Clowes es uno de mis comiqueros favoritos de todos los tiempos, la versión cinematográfica de Ghost World es una de las adaptaciones del cómic más logradas que se han hecho. La segunda colaboración entre el historietista y Zwigoff, un director que no es ajeno a la historieta desde su documental de 1994 sobre Robert Crumb, prometía mucho y personalmente cumplió, aunque no como muchos esperaban.

Art School Confidential tiene el tono, la personalidad, el humor y la actitud de la dupla Clowes-Zwigoff en un historia que desde la premisa de metérsele al rancho al mundillo del arte y su academia, genera una sonrisa. Es fácil conectarse con la propuesta de la película porque aunque pocas personas tienen la valentía o el descaro de no solo dedicarse al arte sino además de estudiarlo, casi cualquiera puede entender lo arbitrario, pomposo, falso, hipócrita y vanidoso que puede ser el "medio artístico". Si a eso le sumamos uno que otro elemento de las comedias adolescentes (vírgenes, triángulos amorosos, etc.) y un asesino en serie, tenemos una mezcolanza sabrosa en términos generales. La película funciona bastante bien en la medida en que establece todos los estereotipos del caso a través de Jerome Platz (Jerome no Jerry), un protagonista que con el sueño de ser el Artista Más Importante del Siglo XXI, entra a una academia de Nueva York. Gracias a él conocemos al genio, al gurú frustrado, a la adorable pero huidiza amada, al compinche testorónico, al director de cine intenso, al gay de closet, al mentor alcohólico, y a un desfile de personajes interesantes que logran meterlo a uno en la historia. Pero el problema es justamente esto último: la historia.

No me malinterpreten, el final de Art School Confidential es buenísimo y si uno ve dónde empieza y a dónde llega, el guión tiene un cinismo nada despreciable pero a la historia le falta ser más compacta. Así, los primeros veinte minutos parece que nos van a contar una versión de Animal House con niños talentosos pero después, la narración coquetea con convertirse en un thriller con destellos de humor aunque más tarde amenaza con tratarse de un triángulo amoroso de dos personas maduras que no quieren herir a un chiquillo confundido, sin embargo con el pasar de los minutos todo parece indicar que todo es un gran juego de Clue (ufff).



Art School Confidential es una película demasiado compartimentada que si bien está basada en un cómic de cuatro páginas publicado en un número de Eightball (la revista de Clowes que todos deben comprar), parece más una de esas historietas autopublicadas que con cada nuevo capítulo cambian de tono y de sentido porque entre episodios pasan varios meses o incluso años. Esto también pasa en Ghost World, pero Enid y Rebecca son dos personajes lo suficientemente bien construidos como para darle a su película la cohesión que no le da el guión. En el caso del joven Jerome y sus sueños contrahechos, él no tiene la profundidad suficiente como para sostener una historia tan inconstante.

Al final de cuentas, la película aguanta bastante y me permito recomendarla. Sin embargo, debo decir que existe la posibilidad de que al verla, el usuario quede con la sensación de que le hizo falta algo. En otras palabras, si ya pensaba echarle un ojo, alquílela o bájela o róbesela lo antes posible, pero si planeaba invitar a varios amigos no comiquistas a ver qué tal resulta, es mejor que tenga su copia de Animal House a la mano.

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12/10/06

truchafrita contra la pared.

Ayer revisé correo y me llegó una noticia que solo hasta hoy, por estas cosas de la discapacidad informatica que nos aqueja, puedo rebotarles (¿o mejor, hacerle resonancia?). Desde las 7:00 pm de anoche, en la Sala de Exposiciones de la Biblioteca Héctor González Mejía del Club Comfenalco La Playa de Medellín se exhibe una muestra del trabajo del comiquiero colombiano Álvaro Vélez, mejor conocido como truchafrita. Aunque no tengo noticias de que este blog se lea en dicha ciudad, les extiendo la invitación para que durante los próximos 20 días conozcan el trabajo de este señor que sin duda es el precursor *solitario* del mini-comic en Colombia y cuyo trabajo podría estar en revistas como MOME o en cualquier antología de historieta autobiográfica de por acá.


La nota curiosa del tema y por la que espero no ser malentendido es que en el diario del hombre, en las entradas del 10 y el 12 de octubre se puede papalpar lo que se siente hacer cómic en Colombia con toda sus respectivas dosis de satisfacción, nerviosismo, egolatría, ira, frustración, soberbia, torpeza y ternura. El tricolor secuencial está lleno de declaraciones pomposas de superioridad al estilo de "yo soy EL SALÓN DE CÓMIC DE COLOMBIA" pero también carece de gestos como "Gracias, Gracias". Yo sé que no es mi problema porque yo a Vélez ni lo conozco ni trabajo con él ni nada pero ojalá prime lo segundo y no se deje tentar por las consabidas Competencias de Egos, tan comunes en un medio secuencial con tan poca autoestima como el colombiano.

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8/10/06

Matute, RoboCop, Starsky, Mahoney, Hightower... Me robaron!

Se acabaron las tildes en este blog por un buen rato porque anoche mientras ronc'abamos pl'acidamente se nos meti'o el Ch'ompiras y nos rob'o los dos computadores port'atiles de los que hemos dependido como Tokyo de Matzinger en el 'ultimo anho. Todav'ia estamos medio en shock pero afortunadamente nos tocaron unos ladrones bastante idiotas que solo se llevaron las dos m'aquinas y una c'amara digital pero no tocaron ni las tarjetas, ni los papeles que tambi'en estaban en los escritorios dando papaya. Apenas nos dimos cuenta llamamos a la polic'ia y parece que en los pr'oximos d'ias un equipo especializado de CSI estar'a tomando huella y toda la cosa. Por lo pronto ya llenamos el reporte con la descrioci'on detallada de las calcoman'ias del compu y eso. Ahora nos tocar'a entrar en la cultura del alt+cualquier cosa para lo de la EGNE y las tildes. Se me perdieron un mont'on de proyectos, guiones, notas, personajes y yo no s'e que m'as vainas que se me quedaron entre el tintero para toda la vida.

Si quieren dest'apense una cerveza por m'i, para ver si se me pasa el amargue de este Sunday Bloody Sunday.

UPDATE (Oct 12, 2006): Este cuento del robo cada vez está más charro, como dicen los paisas. Resulta que los muchachos del CSI nunca aparecieron. Ayer llovió y las poquitas pistas que quedaban se borraron. Ya nos va a tocar abrir esas ventanas y acabar con la escena del crimen de una vez por todas. Ahora sí podemos empezar a instalar las trampas de bambú, las tapas de olla al lado de la ventana y el criadero de septientes venenosas. Poco a poco vamos recobrando el equilibrio. Ya lo dije en los comentarios pero lo voy a reiterar: gracias a todos los amigos y familiares que nos manifestaron su afecto en estos días. Los ladrones se llevaron un par de cosas pero nos dejaron la seguridad de que estamos rodeados de gente increíble: somos afortunados.

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2/10/06

¡Queremos rock! (The Raconteurs Vershon)

No me he podido bajar de la nube. El pasado viernes por la noche tuve la fortuna de ver en vivo a The Raconteurs y, desde ese momento, tengo una sonrisa roquera que no me puedo borrar. El co-liderazgo de Brendan Benson y Jack White se desplegó en el escenario del mítico Orpheum de Boston con una potencia impresionante que se sobrepuso al déficit de atención natural de los locales (A este problema se debe el amor que este pueblo siente por el béisbol y específicamente por los Red Sox). El recorrido que este cuarteto nos dio por todo su repertorio fue espectacular porque si bien el disco es un lujo, las versiones en vivo de canciones como "Intimate Secretary", "Together", "Level" y una memorable "Blue Veins" fueron desbordantes.

El orden de los acontecimientos es el siguiente:

Como una hora y media antes de que empezara el show, nos pusimos a dar vueltas por los alrededores cuando de pronto Patrick Keeler, el bajista con pinta de Peter Sellers en “What’s new, Pussycat?”, se baja de un bus con carita de yo no fui y aunque un par de fanáticos pudieron hacer firmar discos, Da y yo quedamos petrificados. A mí me pareció como inapropiado empezar a echar foto como loco porque el tipo podía incomodarse y tampoco teníamos en álbum ahí pero igual fue un buen presagio.

El Orpheum es un sitio bien particular. Es un teatro al estilo italiano con sus respectivos arabescos dorados que ha tenido que enfrentar con muy bajo presupuesto las inclemencias del tiempo. Así que las sillas son las originales de madera y la mayoría de paredes están pintadas en un tono azul príncipe que mi amigo Tomás calificaría de “hediondo”. No es bonito, pero tiene su quereme.

El grupo telonero resultó ser chévere. Aunque tienen una actitud neohippy o retrogrunge (dependiendo desde donde se mire), los Dr. Dog se tocaron unas tres o cuatro canciones bacanas que animaron al público y le robaron unos buenos aplausos.


Bang, Bang (My Baby Shot Me Down)

La presentación de The Raconteurs empezó con todas las de la ley. Las destacadas de la primera mitad fueron "Together", "Hands", "Yellow Sun" y cover excelente de “Bang. Bang (my baby shot me down)” de Nancy Sinatra que tenía un tono eléctrico roquero perfecto. El único asistente que salió triste del concierto debió ser el desubicado que estaba esperando que los temas sonaran tal y como en el disco. Cada canción del repertorio apareció reinventada y transformada para ser mucho más de lo aparentaba ser inicialmente. Para la segunda mitad, las cartas estaban puestas sobre la mesa y ya a nadie le cabía duda de la dimensión del cuarteto. Claramente Jack White es el mejor guitarrista de la década pero verlo en compañía de un grupo completo lo hace mucho mejor. Sin embrago, hay que decir que por momentos el show se lo robó Jack Lawrence en la batería.


Intimate Secretary

Después de la pausa se fajaron un “Steady as She Goes” que terminó de alebrestar a la audiencia: el Orpheum ya estaba caliente pero a partir de ese momento se produjo una atmósfera como de leyenda del rock. Entonces llegaron “Intimate Secretary”, “Store Bought Bones” y “Level” (no necesariamente en ese orden) y a mí se me iba a salir el corazón. Estaba tan emocionado que me dieron ganas de tocar guitarra, de colarme a la platea para verlos más de cerca, de asegurarme de que no me iba a perder un segundo de lo que estaba sucediendo ante mis ojos (y mis oídos). Se pasó volando el tiempo y de pronto ya estabamos en la última canción del repertorio (y del disco): "Blue Veins". Cuando los White Stripes estuvieron en Bogotá, Jack se mando un solo/blues que pagó la boleta y la fila de cuatro horas bajo la lluvia. Ahora, era el momento de que la volviera a sacar del estadio, y sí que lo logró. No puedo transmitirles la canción porque no la he encontrado en youtube y yo estaba tan embobado que no atiné a grabarla pero la cosa fue tan brava que al final del solo de Jack (tengo que decirle Jack) se le rompió una cuerda que lo hizo intentar un aterrizaje forzoso. Felizmente, le funcionó. Como los maestros, el hombre se limitó a cambiar de guitarra en un segundo y continuar con uno de los mejores temas que he oído en mi vida. Mejor dicho, después de eso no me puedo morir tranquilo porque tengo que seguir yendo a conciertos de The Raconteurs. Por si acaso parece que estoy exagerando, a la salida, en la estación de metro, todo el mundo estaba haciendo la mímica de la cuerda volando por los aires.


Desde que salió el disco de la banda en mayo de este año, fue claro que The Raconteurs es mucho más que un simple proyecto alternativo de Jack White o una disculpa para promocionar la carrera en solitario de Brendan Benson. Cuando estos dos compinches de Detroit se juntan con Patrick Keeler (bajo) y Jack Lawrence (bateria) obtienen un sonido contundente y sólido por más que le deba tanto al tono experimental de White y como a la actitud dylanesca de Benson. No es necesario ser un experto para percibir que al grupo todavía le queda mucha música por hacer y que ojalá el próximo año nos deleiten con un nuevo álbum. Por ahora no me queda otra cosa que cruzar los dedos y asegurarme de que nunca se me olvide el espectáculo tan bárbaro que vi un 29 de septiembre en el Orpheum.

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Youtube no tuvo la culpa II (¡Me arden los ojos, por un demonio! Vershon)

Sé que corro el riesgo de quitarle cualquier tipo de credibilidad a este espacio pero un amigo peruano me acaba de pasar el dato de este destilado de creatividad que se conoce como Perreo Chacalonero... para niños. Esto es como para que nos demos cuenta de que lo de Laura era la punta del iceberg. Con ustedes, la cultura chicha reloaded:



No he podido decidir que me impacta más: si el "¡Duro, duro, duro!", el "hasta llegar al hueso" o el "todo vale". Por si acaso se quedaron picados, les dejo más otros videos que pueden visitar (un informe de noticiero o a Susy Diaz y su Conejito Agachadito) solo si realmente lo desean. Cardiacos abstenerse.

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