22/8/09

Qué escriban los niños


El stand de la Fundación Bella Flor sobre salía del resto de expositores del Pabellón de Diseño Gráfico y Caricatura de este año porque no era un batiburrillo de productos inconexos: solo tenían un libro para presentar y con él era más que suficiente. Se trata de Letras del Sur, una colección de escritos de niños de Ciudad Bolívar (Barrio Bella Flor) ilustrados por algunos de los artistas gráficos más duros del momento. Esta conjunción de talentos "bellamente editada" fue un verdadero hallazgo porque conjuga el arte visual con el trabajo social generando una serie de diálogos pequeños que sorprenden porque confrontan el trabajo de ilustradores como Leo Espinosa, John Joven, María Luisa Isaza, Diego Melo, Cristian Vargas y Luisa Uribe con la crudeza y la honestidad de los escritos de los niños. Es un experimento que me gustó bastante y que ojalá logre mantenerse porque es una oportunidad más para que no solo los niños aprendan a expresarse con la escritura sino para que las plumas nacionales tengan la oportunidad de poblar otros espacios de la sociedad.

20/8/09

La Feria del Libro 2009: Back to the Past?

Una parte fundamental de la vida del comiquero bogotano es asistir cada año al pabellón de Diseño Gráfico y Caricatura de la Feria del Libro. Como llevaba unos cuatro años sin pasar por la Feria, me puse mi chamarra ochentera espiritual, hice el moonwalk de manera totalmente gratuita, me dejé decir gallina y volví al Pabellín Pingüín. La tradición dice que es casi obligatorio pegarse la pasadita aunque la esperanza de encontrarse algo novedoso y sorprendente, y que es casi obligatorio salir decepcionado con un poco de preocupación por el estado general de las viñetas nacionales. Pero, habían pasado cuatro años completos y tal vez los rituales del pasado estaban mandados a recoger. Después de cumplir la penitencia anual, esto me quedó en la cabeza:


Si bien es cierto que este espacio le ha dado continuidad (creativa pero sobre todo económica) a varios grupos o instituciones, el ciclo de recambio es tan lento que ni siquiera logra mostrar una transformación contundente después de cuatro o cinco años de ausencia. Parece que el Pabellón genera un ritmo de producción pasmada que sobresale cuando se compara el entusiasmo de los stands nuevos con la serenidad de otros participantes veteranos. Ésta más que una crítica es una observación que tiene que ver con las escasas posibilidades de desarrollo que tienen los proyectos de historieta e ilustración en nuestro medio. Mi sensación general es que tenemos cantidades de talento y entusiasmo y energía y buenas intenciones encerradas en una caja de fósforos. La visita al Pabellón, a las caras conocidas que me hicieron mucha falta y a las que me quedaban por conocer me confirmó el hecho de que los cómics en Colombia no han podido crecer, independientemente de que el producto final sea un clon de los héroes del norte o de Peter Bagge o de Yolanda Vargas Dulché.

Por eso me cuenta hacer un recuento verdaderamente crítico de lo que vi, porque me quedó la sensación de que todo está todavía por nacer y es injusto calificar algo que no está ni siquiera parcialmente terminado. Salí del Pabellón pensando que este es un juego que por ahora se trata de sobrevivir y no de brillar o sobresalir. Sería injusto culpar a los creadores de esta situación. Me parece que se debe más al lugar en el que nos ubicaron los que deciden qué vale la pena y qué merece quedar en el olvido, en otras palabras, los celadores de las puertas de la cultura (legisladores, editores, periodistas, académicos). Ojalá las promesas y las intensiones se vuelvan realidad para poder hablar de ellas con toda propiedad.

Igual tengo algunos recomendados de los que hablaré en otra entrada como para no meter todo en un mismo paquete.

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