6/9/10

La confusión y los premios

La razón de ser de los premios es darle visibilidad y respaldo a un determinado producto de una industria. En el caso de los cómics, la multiplicación de los estilos y los gustos ha hecho que los premios más tradicionales (Eisner, Harvey) empiecen a quedarse cortos pues ni los enmascarados ni los japonesinos ni los alternativos se sienten bien representados. En los Harvey de este año, la categoría "Mejor revista o historia sola" (Best Single Issue or Story) tenía los siguientes nominados:

ALEC: THE YEARS HAVE PANTS, de Eddie Campbell, Top Shelf: El gran experimento autobiográfico del autor inglés que ha producido algunas de las reflexiones más interesantes  sobre las preguntas entorno a la novela gráfica. 640 páginas.
ASTERIOS POLYP, de David Mazucchelli, Pantheon: Uno de las mejores novelas gráficas del año 2009 en Estado Unidos. Un referente que congregó una gran cantidad de público gracias a un alto nivel de experimentación formal. 344 páginas.
- GANGES #3, de Kevin Huizenga, Fantagraphics Books: La tercera entrega del enigmático autor del Midwest norteamericano. Un autor también experimental que tiene más al mini-cómic y a las historias cortas. 32 páginas.
- GEORGE SPROTT (1894-1975), de Seth, Drawn and Quarterly: La compilación de la tira que el autor canadiense hizo para la sección Funny Pages de la New York Times Magazine. 96 páginas.
- JONAH HEX #50, escrito por Jimmy Palmiotti and Justin Gray, dibujo de Darwyn Cooke, DC Comics. 48 páginas.
- RICHARD STARK’S PARKER: THE HUNTER, by Darwyn Cooke, IDW. 144 páginas.
- WHATEVER HAPPENED TO THE WORLD OF TOMORROW?, por Brian Fies, Abrams ComicArts. 208 páginas.

Al final ganó David Mazzucchelli con Asterior Polyp. Pero más allá del merecimiento artístico lo que me llama la atención es lo obtuso de la categoría que junta obras que poco o nada tienen que ver. Es cierto que fueron publicadas en inglés y que usan dibujos en secuencia y palabras para dar cuenta de una historia pero de resto son agua, aceite, vinagre balsámico, una bujía y la cosita blanca de una galleta Oreo. 

Creo que la confusión de la categoría es una demostración del estado del Arte secuencial en general. Cuando me llaman a preguntarme por cómics para distintos proyectos siempre tengo que asegurarme de que estemos hablando de lo mismo -muchas veces no es el caso. Algunos quieren onomatopeyas coloridas, otros piensan en superhéroes, algunos en Gokú, otros pocos en novelas gráficas y los más entrados en años en "Benitín y Eneas". De hecho, esta confusión me la he encontrado entre gente que lee y produce cómics en Colombia con la que me cuesta establecer una comunicación fluida pues estamos hablando de mundos y objetivos diferentes. Si bien es cierto que las buenas historias no reconocen fronteras, esas obras son el producto de diálogos artísticos entre autores y publicaciones; el talento no se transforma espontáneamente en realidad. 

El otro día, en los últimos días de la Feria del Libro compartí una charla informal con Jean Zapata y Juan Felipe Salcedo que me evidenció este diálogo de teléfono roto. No creo que el camino sea ponerse de acuerdo (como para no terminar en el escenario de la categoría absurda) pero la convivencia de autistas tampoco me convence. Por ahora la respuesta no la tengo.

(por si acaso, esta entrada no iba a tratarse de este tema pero qué más da) 

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